"Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Iaacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo último de la tierra". (Ieshaiáju 49:6) Esta profecía nos dice claramente el propósito de El Eterno con respecto a su elegido, su Siervo, reunificar a las doce tribus de Israel, restaurar a la nación de Israel para que ésta cumpla el propósito de ella, ser luz a las naciones, y todos vengan a conocer al elojím de Israel, IHVH, y sean liberados de la idolatría producto de la mala inclinación del hombre de la cual están plagadas las demás naciones. Pero para ello primeramente debe restaurar a la nación de Israel expiando sus pecados (transgreciones a la instrucción del Eterno). Es por medio de su Siervo, el Escogido, como Elojím hará esto. El profeta dice del Siervo de IHVH lo siguiente: He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi ...